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El arte de la antigua arquitectura germánica ha preservado las runas con el estilo conocido como Fachwerk (medio enmaderado), el cual se propagó por gran parte de Europa. En su origen, el entramado de madera de estas construcciones estaba dispuesto de tal manera que imitaba formas rúnicas queriendo con ello atribuir el poder mágico de estos símbolos al edificio y a sus habitantes. Esta costumbre siguió manteniéndose incluso cuando los constructores dejaron de saber la razón por la cual las maderas se seguían colocando de esa forma tan particular. Con el paso del tiempo, esta costumbre pasó a convertirse en una simple tradición que ha pervivido prácticamente hasta nuestros días.

Existen por toda Europa numerosos ejemplos de estas construcciones, cargadas de simbolismo, que nos recuerdan al pasar por delante cuáles son nuestras más profundas raíces culturales.

Y tú, ¿Eres capaz de identificar aquí alguna runa?

Imagen de una calle de Rotemburgo

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En las sociedades del norte de Europa existía un conocimiento al que pocas personas tenían acceso. Un conocimiento que encerraba una compleja variedad de prácticas consideradas mágicas. Una sabiduría ancestral que hunde sus profundas raíces en la noche de los tiempos. Esta sabiduría era el Seidr, palabra que proviene del nórdico antiguo y que significa literalmente “bullir” en referencia a las pócimas que sus practicantes preparaban removiendo pacientemente sus calderos.

El seidr solía ser una actividad reservada a mujeres (llamadas seiðkona) las cuales ocupaban un lugar privilegiado en la aldea. Y aunque efectivamente esta era una práctica principalmente femenina, también hay constancia de hombres (llamados seiðmaðr) que se dedicaron a actividades mágicas. En estas sociedades siempre se consideró que las mujeres tenían una sensiblidad mayor para los asuntos esotéricos, mientras que los hombres se encargaban más de las actividades que requerían la aplicación de la fuerza.

En cualquier caso, el seidr era como una gran cadena en la que cada eslabón correspondía a un campo diferente del saber de la época. Lamentablemente, en el largo camino hacia el tiempo presente se han perdido la mayoría de dichos eslabones. Es por eso que los ásatrúars, como herederos de nuestros antepasados, tenemos la responsabilidad de tratar reconstruir en la medida de lo posible esa cadena de sabiduría ancestral.

Entre las prácticas más habituales del seidr se encuentran:

  • Adivinación: la seiðkona o el seiðmaðr empleaban diferentes tipos de mancias para predecir el devenir. Interpretaban el agua de los ríos, la forma de las nubes, el vuelo de las aves, el sonido del viento entre las hojas de los árboles…
  • Sanación: estas personas poseían unos vastos conocimientos sobre plantas medicinales. Las recogían o cultivaban, las preparaban de diferentes maneras para aprovechar sus principios activos y las aplicaban para curar las enfermedades.
  • Hechizos: elaboraban místicos rituales en los cuales entonaban unos cánticos conocidos como galðrar para atraer el bien a la aldea y protegerla de extraños maleficios.
  • Invocación de espíritus: podían ponerse en contacto con los espíritus de los ancestros para que les transmitieran su consejo y sabiduría. También podían dirigirse a los espíritus de la naturaleza.
  • Viajes del alma: entraban en estados alterados de consciencia en los que conseguían conectar con las diferentes realidades y mundos que componen el Universo representado por el árbol Yggdrasil.

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Las runas son uno de los elementos más sagrados en el Ásatrú. A simple vista parecen símbolos que se asemejan a letras pero en realidad son mucho más que eso. Su profundidad y complejidad son tales que apenas unos pocos son capaces de comprender la inmensa sabiduría que guardan en su interior.

La palabra runa en sí misma significa muy acertadamente “secreto” (en alemán “raunen” quiere decir susurrar) y es que efectivamente adentrarse en el mundo rúnico sin haber sido iniciado es una tarea, si no imposible, muy difícil.

En la Edda poética, el poema Hávamál nos cuenta muchas cosas sobre las runas. En sus estrofas 138 y 139 nos dice que Odín fue su creador:

138
Sé que pendí nueve noches enteras
del árbol que mece el viento;
herido de lanza y a Odín ofrecido,
-yo mismo ofrecido a mí mismo-
de aquel árbol colgué del que nadie conoce
el origen de sus raíces.

139
Ni pan me tendieron,
ni cuerno de bebida;
fijo en la profundidad miré,
las runas alcé,
entre gritos las gané,
y caí de nuevo a la tierra.

Las runas tienen pues un origen divino y deben ser respetadas por todo ásatrúar. Esto no quiere decir que todo ásatrúar sepa sobre runas ni que todo aquel que sepa sobre runas sea ásatrúar. Son dos cosas distintas si bien es cierto que es muy importante que en todo kindred haya al menos un experto en el ancestral arte de las runas.

Los usos que le damos a las runas son principalmente tres:

  • Como alfabeto: las runas nos sirven para leer, escribir y transcribir cualquier tipo de textos.
  • Como mancia: tal vez esta sea la “utilidad” más llamativa sobre todo para los que se inician en el noble arte. Hay que tener en cuenta no obstante que las runas no adivinan el futuro como tal. El oráculo ofrece consejos sobre los caminos que se abren pero somos nosotros quienes debemos elegirlos y recorrerlos.
  • Como magia: esta es sin duda la función más desconocida, de más difícil acceso y de mayor poder de las runas. Requiere años de estudio y práctica llegar a dominar la magia rúnica. Por lo general, el vitki (brujo) guarda como un preciado tesoro sus conocimientos de magia y solamente los desvela a las personas que él considere dignas para utilizarlos.

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