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Posts Tagged ‘paganismo’

A diferencia de muchas otras religiones, en Ásatrú no hay una rígida jerarquía claramente marcada. Todos los hombres y mujeres pueden participar activamente ya sea de forma individual o colectiva. No hay superiores ni líderes espirituales. De hecho, ni siquiera los dioses están por encima del ser humano sino que se encuentran en una íntima relacion de fraternidad.

Siendo esto así, por desgracia existen ciertas agrupaciones paganas que se estructuran como si de sociedades multinacionales se tratase. Se organizan en asociaciones territoriales regionales o nacionales, se autonombran líderes e incluso pretenden cobrar y ganar dinero. Nosotros pensamos que esto se aleja del ámbito estrictamente espiritual de lo que son nuestras profundas creencias ancestrales. Ásatrú no es una moda. Ásatrú no es un negocio. Ásatrú es algo que pertenece al espíritu libre de cada uno de sus miembros y por lo tanto debe ser accesible a todo aquél que sienta su llamada.

El Ásatrú es una religión reconstruccionista que pretende acercarse lo más fielmente posible a la realidad de sus practicantes primigenios. Tenemos pues que intentar traer a nuestros días la estructura social de las antiguas aldeas germánicas. De este modo, las personas de mayor edad ocupan un status social superior. Los ancianos son las personas que más tiempo han caminado por este mundo, son los que han visto más cosas y sufrido más penalidades. Su experiencia vital les confiere una sabiduría que no se encuentra en los libros y es por eso que sus consejos deben ser siempre respetados.

Aparte del rango social determinado por la edad, en las tribus germánicas los trabajos estaban bien establecidos. Había un herrero, un carpintero, cazadores… Puesto que actualmente estas no son necesidades vitales dentro del kindred, las ocupaciones del grupo se han simplificado básicamente en tres:

  • Heathens practicantes: son la mayoría de los ásatrúars. No es necesario ser un experto en mitología nórdica, ni saber idiomas germánicos. Pueden participar y aportar al grupo lo que su buena voluntad les permita. Las actividades de las que se encargan son amplísimas; Pueden aportar sus ideas, amenizar las reuniones tocando algún instrumento, proponer lugares de reunión y todo lo que os podáis imaginar.
  • Vitki o maestro rúnico: es aquél miembro del kindred que ha estudiado los secretos de las runas en todos sus ámbitos; Sabe leerlas, consulta al oráculo y prepara con ellas trabajos mágicos como la elaboración artesanal de amuletos de protección. El Vitki puede tener alumnos a los que enseñar el antiguo arte rúnico pero es su decisión personal el elegir a quien legar sus conocimientos.
  • Godhi o sacerdote: es la persona que ha estudiado en profundidad la mitología y tradiciones nórdicas. El Godhi es quien mejor conoce los conceptos espirituales de la religión y por tanto el mejor preparado para llevar a cabo los actos religiosos colectivos tales como bodas o funerales.

En el kindred, en efecto, tienen cabida todo tipo de personas. Como hemos dicho, no existen (o no deberían existir) jefes ni nada por el estilo. Un Godhi, por su labor, no es superior a ningún otro miembro. Tampoco lo es el Vitki. Estos solo son personas que voluntariamente han estudiado y adquirido unos conocimientos que los hacen idóneos para realizar actividades dentro del grupo. Tienen importantes responsabilidades pero no son superiores a nadie.

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La mayoría de los países desarrollados reconocen hoy en día el derecho de libertad religiosa. Los ciudadanos de dichos estados pueden profesar la religión que quieran tanto en privado como en público sin ser reprimidos o discriminados. Pero ¿qué pasa con los niños? Respecto de los menores, son los padres quienes tienen el derecho de dar la formación religiosa y moral que consideren oportuna para sus hijos.

Yo nací en el seno de una familia católica. Sé que fui bautizado a los pocos días de vida sin ser yo consciente de ello. En el colegio estudié religión católica. Hice la catequesis y a los 10 años de edad recibí la primera comunión. Desde entonces no han sido pocas las veces en las que he asistido a otras celebraciones cristianas como bautizos, bodas, comuniones y funerales.

En resumen, he tenido una infancia muy influenciada por una religión. Y si bien es cierto que nunca me apuntaron con un arma para hacer todas esas cosas, yo nunca fui consciente del adoctrinamiento espiritual al que estaba siendo sometido. Nunca me planteé otra cosa porque no tenía la madurez intelectual necesaria para cuestionarme nada.

Fue en la adolescencia cuando algunas cosas me empezaron a chirriar. Recuerdo que lo primero que me llamó la atención fue que la Semana Santa se celebrase en días o incluso en meses distintos cada año. ¿No se supone que Jesucristo murió en un día concreto? Al final descubrí que una de las fiestas más importantes del cristianismo se hace coincidir en el calendario para que el día de la resurrección sea el primer domingo después de la primera luna llena tras el equinoccio de primavera.

Durante muchos años me consideré agnóstico y no fue hasta bien entrada la veintena cuando sentí un gran vacío espiritual en mi interior. Un vacío que finalmente me llevó a conocer el paganismo y, dentro de este, el Ásatrú. Esto lo hice estando en plenitud de mis capacidades mentales, desde la madurez y la experiencia vital.

Quiero dejar claro que respeto muchísimo al cristianismo y reconozco la importancia que ha tenido esta religión en la historia y la cultura de Europa. Lo que quiero decir con esta entrada es que yo, como tantos otros, no me he sentido libre en cuanto a educación religiosa se refiere. No culpo a mis padres por esta circunstancia ya que ellos simplemente se dejaron llevar por el contexto social y siempre hicieron lo que creyeron correcto para mi.

En mi humilde opinión, nadie está preparado para profesar una religión hasta que no ha alcanzado su madurez intelectual. Si una persona adulta quiere aceptar a Cristo y ser bautizado pues perfecto. Es su decisión. Pero una decisión ante todo tomada desde la reflexión y no por la inercia.

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Nos ha tocado vivir una de las épocas más difíciles y convulsas de los últimos tiempos. Pareciera que nos precipitamos a las profundidades de un negro abismo del cual no tenemos escapatoria alguna. Gente desesperada que lucha por sobrevivir, injusticias, violencia en las calles… Es algo que nos afecta a todos y cada uno de nosotros, a nuestras familias y a nuestros amigos. ¿Qué es lo que hace un ásatrúar en estos casos?

Un ásatrúar ante todo nunca se autocompadecerá de sus desgracias pasadas ni de las que están por venir. Un ásatrúar mira a la adversidad a los ojos y le dice ¡aquí estoy yo y no te tengo miedo! Un ásatrúar se levanta cada día pensando en dar lo mejor de sí mismo. Sin plantearse la derrota en ningún momento y, aunque esta finalmente llegase, la acepta y se vuelve a levantar con orgullo. Así es como se comporta un verdadero ásatrúar. Siempre consciente de que ninguna fuerza terrenal ni divina va a venir a resolver los problemas. Es él mismo el que tiene que acudir sin temor a esa gran batalla que es la vida diaria con el convencimiento de que la victoria y el éxito están en sus manos.

Solo aquellos que afrontan la vida con coraje serán favorecidos por los dioses. Solo ellos serán los héroes. Animo a todas las personas, sean cuales sean su raza, sexo o creencias, a luchar día a día, a seguir adelante, pues no hay montaña lo suficientemente alta y escarpada, no hay océano lo suficientemente vasto y profundo, no hay nada, absolutamente nada, que no podamos vencer si tenemos fe en nosotros mismos.

¡Hail! ¡Y que los dioses os acompañen!

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Son muchas las personas que se preguntan si Ásatrú y Odinismo son la misma religión. Hay incluso personas que llevan años profesando de alguna u otra manera las creencias ancestrales del viejo continente sin saber muy bien cómo definirse oficialmente.

¿Son lo mismo? La respuesta es sí pero con matices. Los pilares básicos siguen siendo los mismos: creemos en los mismos dioses, festejamos celebraciones similares, honramos a nuestros ancestros, etc. Sin embargo, la etimología de las palabras nos da una pista muy importante sobre las diferencias que subyacen entre estas dos concepciones. Ásatrú significa literalmente fiel a los dioses Æsir. Odinismo, como se puede apreciar, está formado a partir de la raíz Odín (el dios Odín) y el sufijo -ismo. Este sufijo procede del griego -ισμός, que significa doctrina, escuela o movimiento intelectual.

Podemos decir entonces que mientras que el Ásatrú no tiene una preferencia por un dios en concreto, el Odinismo tiene como dios preponderante a Odín. Se trata de una diferencia muy sutil ya que un ásatrúar puede dirigirse a Odín de igual manera que lo hace un odinista y viceversa, un odinista puede dirigirse a cualquiera de los demás dioses igual que un ásatrúar.

Hay quien dice que los odinistas tienen una postura más folkish respecto de quienes pueden hacerse llamar a sí mismos odinistas. Es decir, que tienen una tendencia a excluir de sus prácticas a todos aquellos que no sean de ascendencia europea. Los ásatrúar por el contrario tendrían una concepción más universalista en este asunto y aceptarían como miembros de la religión a cualquier persona sea cual sea su raza, etnia o procedencia.

Personalmente este es un argumento que a mí no me termina de convencer y explico por qué: hay ásatrúars que rechazan el universalismo y se consideran identitarios, es decir, consideran al Ásatrú como una religión que intenta preservar las tradiciones y la herencia cultural, ancestral y espiritual de Europa. No se trata de una forma de racismo ya que en general todo ásatrúar siente un profundo respeto por todas las culturas y creencias religiosas. Piensan que el Ásatrú es una religión nativa de europa y como tal solo puede ser profesada por personas de ascendencia europea. Del mismo modo respetan que una religión americana sea profesada por nativos americanos, una africana por africanos y una asiática por asiáticos.

En lo que a mi respecta, me autodefino como ásatrúar sin entrar a juzgar quién debe o quién no debe serlo. Eso es algo que a mi no me concierne y pienso que cada uno es libre de creer en lo que quiera siempre que sea consecuente con sus actos. Soy ásatrúar porque yo y todos mis ancestros son europeos y he sentido la llamada de los antiguos dioses de mi tierra. Es un sentimiento que nace desde lo más profundo de mi ser y que me eleva el espíritu en todos los sentidos concebiles.

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No cabe duda de que los cuernos son uno de los símbolos por antonomasia de los vikingos. Todo el mundo que oye hablar de estos pueblos germánicos se imagina inmediatamente a unos fieros guerreros que surcaban los mares y que portaban cascos tocados con cuernos. Pues bien, aunque probablemente este sea uno de los mitos más extendidos, hay que decir que no; los vikingos no llevaban cuernos.

Se trata de una invención del pintor sueco Gustav Malstrom que en 1820 realizó una serie de ilustraciones con las que pretendía realzar la fiereza de los guerreros del norte. Años más tarde, concretamente en 1876, se estrenó la ópera El Ocaso de los Dioses del dramaturgo alemán Richard Wagner en la que volvieron a aparecer en escena los famosos cascos cornamentados. Y fue a partir de ese momento cuando se popularizaron tanto que acabaron convirtíendose en la imagen más reconocible de la fascinante cultura vikinga. ¿Quién no conoce las entrañables aventuras de Vickie el vikingo?

A pesar de todo, lo cierto es que los vikingos sí que usaron cuernos pero para otros menesteres bien distintos. En concreto en fiestas y actos ceremoniales se llenaba un cuerno de bebida (normalmente cerveza o hidromiel) y se iba pasando entre todos los convidados en medio de cánticos, brindis y buenos deseos. Asimismo, también se conoce el cuerno por ser uno de los instrumentos aerófonos más antiguos del mundo siendo empleado para hacerlo sonar e infundir coraje a los guerreros en las batallas.

Casco vikingo sin cuernos

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